A propósito de No se estacione de Ennio Tucci

Por Miguel Antonio Guevara
Los tiempos están tan buenos para los libros que me ha tocado hacer la presentación de un libro más de una vez. Como en el caso de No se estacione de Ennio Tucci, reciente publicación de la colección de poesía contemporánea de la Fundación Editorial El perro y la rana, que he tenido la oportunidad de presentarlo en un par de ocasiones, una primera, en la Feria Internacional del Libro en el estado Falcón, además de un encuentro con los amantes de la palabra en el 11mo Festival Mundial de la Poesía en Caracas.
Como el paso del tiempo en vez de hacerlo a uno más ducho en el asunto de dirigirse al público ha hecho todo lo contrario conmigo, decidí escribir unas breves palabras para compartir con el público asistente y así no confiar en la traicionera oratoria.
Dice así: ¿Qué dicen las palabras? Apenas pueden entenderse. Si no trate de escuchar lo que dice aquel grupito de allá, mientras la bocina del tren sigue y anuncia que las puertas se cierran, nos aguarda otra estación, siempre nos aguarda otra estación. Hoy no encontramos el periódico, todo el día en su búsqueda porque nos llamó la atención el título y ya a las 9:23 pm olvidamos el título. Intentemos recordar el título de hoy o tratemos con otra cosa, por ejemplo ¿qué almorzamos hace tres días?
¿Tanto así importa? Parece que no prestamos mucha atención al día a día, o quien sabe si será el día a día que no nos presta mucha atención; esta mañana recibí una grabación con la voz de Ennio, quien no podrá llegar a la presentación de su libro, así que nos envía sus palabras.
Hace un par de semanas presenté No se estacione en la feria internacional del libro de Falcón, Ennio se acerca nervioso minutos antes y me preguntó que qué pensaba decir de su libro, yo alcancé a decirle que de ser persona este libro estaría en desacuerdo con presentarse.
No se estacione es una bitácora de la inconformidad, eso es lo que me parece, le dije,que arranca con el reclamo hacia aquellos apoltronados en la administración cultural, para luego hacer su voz colectiva en versos que suenan a manifiesto, hasta reflejar las bacinillas mediáticas y su dale que dale que intenta moldear la opinión pública, y así mantener los miedos hechos medios y promover que cada quien, cual auto chocado se quede en el mismo sitio.
No podría faltar, por supuesto, el poema para los amigos, tono que suena mucho en los poetas falconianos, además del poema de amor, el poema a la familia, que nos llevan de la rabia inaugural hasta un cierre lleno de ternura en el texto Yo no quiero hacerte triste.
Uno puede decidir si se queda todos los días repitiendo las mismas tareas una y otra vez, en la espera del ir y venir del quince y último, o se decide de una vez por todas a cambiar las cosas; esa sería una buena forma de resumir lo que dice Ennio en No se estacione, quien en plena beligerancia nos mete en este lío de hablar de un libro que no le agradaría ser presentado, y con todo y eso mantenernos alertas en cada esquina, sin estacionarnos, pues podría saltar en cualquier momento el poema a cobrar venganza por decir este montón de cosas de sus palabras.
No está demás recordarle, querido lector(a), que puede buscar un ejemplar de No se estacione en la Red Nacional de Librerías del Sur.