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A quién hay que matar para vivir

Ediciones Madriguera
Colección Libros Antiofídicos
Marzo 2012
Ilustración de portada: Francisco Tucci
ISBN: 978-980-7493-00-0





Afectos, 
Griposos 
En la lucha por la locha

(2008-2010)


Poema de chocolate

A mis hermanos

Me dicen que de la poesía no se vive
que me moriré de hambre
que no puedo cambiar mis poemas en el supermercado
que no me darían un kilo de harina o de azúcar o de sal;
me dicen que de la poesía no se come
que los poetas somos unos muertos de hambre
que sólo queremos llegar al status quo
que la poesía no nos sirve para nada más;
me dicen cosas horribles de la poesía
que es utópica astral cósmica intangible,
un mundo distante del hombre
a donde sólo nos mudamos los inadaptados
pero no, la poesía sí alimenta…
por eso te hice este poema de chocolate,
de besos    de miel     de carne de nosotros
para que nunca creas
que la poesía no sirve para nada.



Ser astronauta


Resulta que uno también quiso ser astronauta
y pactó alguna vez con las leyes de la física.

A los nueve nos quitaron la locura
de ser buenos y decir la verdad
desde entonces mentimos
y no se nos arruga el corazón,
más tarde nos hicimos a la idea del amor
pero la camisa siempre nos quedó grande
y entre una y otra mentira llegamos a beber,
llorar juntos y escuchar rock,
golpeaba nuestras pieles el frío
y nuestros corazones Guns and Roses…
y así bailamos al ridículo de aquellos
a quienes nunca conocimos
y bebimos del pico de la misma botella…
Resulta que uno también quiso ser astronauta
pero el amor nos quedó grande
y pacté alguna vez con las leyes de la física
para quedarme pegado a este suelo
esperándote…
para verte llegar como llegaste
con tus días de cayenas y caramelos;


Yo no quiero hacerte triste

                       A Laura y Francisco

Hacerte triste…
borrar el rostro de los títeres
cortar sus hilos y sus voces
desarmar sus cuerpos de madera
y alumbrar el camino de la violencia;
hacerte triste…
cortar el árbol de los mamones
y dejar a los niños de la cuadra
sin frutas y sin pájaros.

Cuando te saco del cuarto
no te saco de mi vida
sólo te pido espacio,
pero te vas triste
y sigo buscándome y buscándome
un poquito de espacio para mí
en este cuarto
para existir y nombrarme
pero nada;
cuando te saco del cuarto
no te saco de mi vida
aunque tus ojos de niña no entiendan
mi confusión y desasosiego,
que es la confusión y el desasosiego de los grandes,
porque me hice grande algún día…

Pero te quiero aquí hermana
jugando el juego de la manos,
palmear cantar aplaudir y reír al final,
pero ya soy grande
me debo a mi confusión y mi desasosiego de grande;
ya no más pelotas o carreras
no más escondite o encantados
sólo horarios y tareas
responsabilidades sorteos desempleo
porque hay que resolver la nevera y los sueños;
yo no quiero hacerte triste
pero a veces no me hallo y no sé
qué decir o qué hacer
-porque eso es parte de ser grande
de la confusión de ser grande-
para que el mundo me sonría
una que otra vez…
y hago digo grito cosas
acierto y me equivoco
me tropiezo y corro
y algunas veces
me ato los cordones como tú…

Te saco del cuarto
pero no de mi vida,
te pones triste
me hablas como grande
y me hago pequeño,
muy chiquito más que tú
y ya no sé,
porque me hice grande
y los grandes nunca saben;
y te dejo triste y yo confundido
desorientado y testarudo
como grande que soy…
Pero no quiero hacerte triste
cuando te saco del cuarto
no te saco de mi vida.


El cielo se cae
cuando te empiedras conmigo
me dan ganas de lanzarme a un carro
llenarme la barriga de perros calientes
de ron hasta el desmayo;
me dan unas ganas tremendas de emborracharme,
de encontrarme cara a cara con el cielo
y romperle todo lo que se llama faz
para que no me atormente de nuevo
con ese chistecito
del día siguiente…


Que Dios valga la pena (o Una Cachetona)


Que una cachetona me espere en la casa
con mucha baba       con mucha caca,
que nos equivoquemos
nos domestiquemos
y sigamos conociéndonos.

Que metamos la pata
que la volvamos a meter,
más hondo
aún más
y sudemos mucho para sacarla.

Que tengas nauseas
y yo mareos,
que me vomite la espalda
y me veas tendiendo telas blancas,
que le coma los deditos de los pies
que se los cuente
toditos con sus uñas y todo,
que le haga cosquillas
que te rías y le des la teta
comas, engordes, te enojes con tu peso
que le escribas poemas
que le cantemos canciones de cuna,
que tu miopía no sea problema
y distingas el color de sus ojos.

Que mi terquedad me ayude a dormir,
que te muerda los dedos por las noches
y le rece al oído
la oración que me enseñó mamá.

Que Dios valga la pena
y podamos vivir intensamente
el terriblemente bello laberinto que nos toca;
que el quince y el último no se disuelvan
que tus regaños sean pocos
no hayan quejas
que no le duela una muela
que te diga mamá
que se mojen tus ojos mientras sonríes
que nos bese
que se enamore de nosotros
como nosotros,
eso deseo
mi flaca
contigo.

Que Dios valga la pena.


En estos días juntos

Algo de nosotros se abre
una fisura de luz en el corazón
se dejará escurrir un poco por las venas
y todo en el cuerpo nos brilla
y todo está en presente y en futuro,
las ganas de llorar alegres,
de besarse un rato más,
de cerrar la puerta del mundo, quedarse aquí
donde todo avanza a nuestro ritmo
no más rápido ni más lento
a nuestro ritmo juntos
entonces uno piensa en las paredes
el techo, las ventanas, las puertas…
… sentarnos a la mesa juntos
o pasar hambre juntos
ambos dos con hambre o ahítos,
montarte el café en la mañana
comprar el pan a primera hora
o amanecer a las dos de la tarde
sin noticieros ni programas de comedia,
sin telenovelas ni Reality Shows,
con la música de los dos y el ventilador
siempre cambiando en la casa.
Y caminar descalzos de la cocina a la cama
y alimentar al perro.
Todo transita por nuestras venas
en estos días que nos vemos poco
y nos comemos la boca con más gusto;



Llega

Esta noche que llego distinto
vengo recorriendo callejones de peligro
pero lo vales.
¡Llega! hazte presente
evapora los mares y derrite los polos
el agua potable no nos basta -mi nena-.
¿Cuánto tienes que esperar?
¡Apúrate! rompe con todo esto,
desintégrame de una vez por todas
o castígame a besos de piedra hasta morir
que no quede un borracho en la calle
un hijo preso.
Mil hombres siguen muriendo pero no importa
nacieron 1145 hoy
1144 nuevos padres y madres,
no dejemos que los números nos digan qué hacer.
Inclúyeme en las estadísticas
si te atreves.


Asterisco dos puntos

No te acostumbres a darme besos electrónicos con dos puntos y asterisco. Prefiero caminar mil kilómetros para estrellarme contra tu nariz y que tu quijada se raspe con la mía porque este amor tecnológico me está sacando la piedra.


Contar monedas

Este flaco de alambres que soy
a veces se enamora de ti
de las frutas que crecen en tu patio.
Ando siempre con mis propios pies y no puedo
quejarme
pero en las noches reviso los bolsillos de mis pantalones
y cuento las monedas que me quedan
porque hay que recibir al día siguiente.
A veces este que soy se enamora
entonces las tripas le suenan,
se retuercen y eructa
y se le hace agua la boca;
pero no puedo invitarte un café
y se me arruga la garganta
hasta que el sol se pone
y regreso otra vez derrotado
contando las monedas para el día siguiente…

En la puerta del trabajo

                         A mis amigos del diario

Por esa puerta todos entramos con la moral por el suelo, cargados los bolsillos de derrotas, ahogados, hambrientos, desposeídos. Nos canjeamos por el pago de una quincena. Desde los jefes hasta los empleados, entramos como unos perdedores al trabajo. La primera semana fue difícil, nunca pensamos durar tanto. Caminamos con la cabeza gacha. Lanzamos un suspiro cada vez que entramos. En especial porque cada semana despedían a uno y contrataban a otro. En algún momento la voz se nos trabó, no dijimos nada y tuvimos que tragar para despejar la garganta y decir. Con el tiempo algunos adquirieron más confianza, más seguridad y ahora hay que pedirles silencio de vez en cuando, también cuando alguien sale por esa puerta cargando de derrotas sus bolsillos. Nosotros olvidamos lo que es perder y lo que es ganar, hasta que perdemos o ganamos nuevamente. También se nos olvidó cómo celebrarlo, por eso cuando pasa, uno no sabe si brincar de alegría o echarse a llorar; entonces no hace nada. Si sólo aprendiéramos a llorar con frecuencia, pero en serio con lágrimas y mocos y todo, como es, en serio; o a celebrar con gusto nuestras victorias, con gritos y saltos, con abrazos y con besos, eufóricos por las calles para que todos lo sepan; pero no, preferimos ser fríos, inertes y con el tiempo, vacíos. Esta semana me volveré loco y celebraré cada victoria por pequeña que sea, un gol en la caimanera de la esquina, el encuentro con un amigo que hace tiempo no veía o simplemente un abrazo de mamá; igual lloraré todo lo que pueda, con mocos me ahogaré donde me encuentre, en público y en privado si me derrota la vida en una esquina. Seguro sacaré más fuerzas de esto que de estar en esta puerta, con la frialdad que nos llena los bolsillos de más derrotas y menos vida, en esta cotización diaria de seres humanos.


Del salario

Si el sueldo no estuviera tan lejos
te sacaría a pasear todas las noches,
beberíamos cerveza
y amaneceríamos desnudos con el sol en el rostro.
Si el sueldo se acercara un tanto, tan sólo un poco
la cuna del pez no sería esta cajita de fósforos,
montaría más en autobús,
gastaría menos los zapatos
¡adiós economía de pasajes!
Pero el sueldo sigue allá
y hay que madrugar a diario,
dejar de ser quienes somos
y canjearnos la vida por el salario del mes…



Aquí me tiré tres y sigo respirando

Aquí me tiré tres y sigo respirando;
crucé no sé cuántas calles hoy
varios autos me pitaron lo recuerdo;
he perdido dos amigos
ambos me duelen más en el espíritu;
viajando en bicicleta
largas gandolas me pisan los talones
he sido muy esquivo
sólo una moto me alcanzó
en igualdad de condiciones…
Aquí me tiré tres y sigo respirando;
la calle perdió su sentido con tanta campaña,
las paredes no callan,
ni pasa ni respira el amigo
acuchillado veredas más abajo, no respira,
quisiera seguir pateando balones con él…
con sangre en la cuneta sólo hay nostalgia
Aquí me tiré tres y sigo respirando;



Compañero
hoy
lo único que te queda
es la desesperanza.
Sólo hay que tomárselo con calma
tener presente todo lo que se sabe
que está presente y no nos sirve
entender que estamos contaminados
condenados al disgusto con la nevera
romperlo todo poco a poco, compañero,
para llegar al futuro.


El plan


La gente ya no se despide de mí
y para qué despedirse
hoy, cuando el mundo es virtual y verdadero
y tan virtual como verdadero es el mundo
que no es necesario despedirse
ni saludarse es necesario
porque tampoco es importante encontrarnos
o vernos
u oírnos
ni siquiera saber que el otro está ahí
al otro lado del poema
esperando que le llueva
o que simplemente nuestra palabra le llene un vacío
porque el vacío también es virtual hoy
y todo lo no virtual queda entre nos
árbol, entre tú y yo queda esto
porque los clavos que asesté en tu tronco
fueron para compartir los cuentos de adolescente
crecer y ser feliz con los amigos
burlarnos de los profes y comer de tus naranjas
los clavos eran parte del plan
el plan era encontrarnos
ahora no
el plan es descubrirnos
es escondernos
es desnudarnos
es desconocernos
es vivir en una red social


La escalera del amor

                Poema adolescente a los hermanos de la vereda 5: Jesús, Gerald, Elvis y Jean Carlos

Uno pensaba que la vida era eso
caminar con los amigos de la vereda
sentarnos en la escalera
acompañarnos en las borracheras
reírnos de los chistes
compartir los cuentos del día,
de la semana entera o el mes,
compartir los cuentos y comer naranjas.

Pero nos llegó el bachillerato a la vida
y todo nos dio vueltas;
unos se fueron quedando atrás
otros cambiaron de grupo,
otros mudaron su vereda a otra parte
y nos desorientamos tanto.

Hoy apenas nos reconocemos
y es difícil no saludarse con un abrazo,
guardando el nudo en la garganta para uno mismo
que es el nudo de una escalera
que se quedó sin nosotros.

Chupar

                                        A Margarita

Yo también se las chupé
las de coco y las de mango,
las mordí sin piedad,
mis dientes se clavaban en ellas
y luego quería una más y otra y otra.
Era lo mejor de estar aquí…

Con la tabla de multiplicar
leyendo el diario a diario
resolviendo crucigramas
haciendo ejercicios con los dedos
estirando y torciendo para mejorar mi grafía
siempre indescifrable
se las chupaba a diario
de mañana y de tarde la visitaba…
Era lo mejor de estar aquí…

Al cruzar la calle
me llevaba una teta a la boca
y me hacía tan feliz de chico…

De grande regresé a esta calle
remolcado por el amor
y mi flaca también la conoció
una que otra vez conmigo
le chupó una de cambur o de guayaba…
Era lo mejor de estar aquí…

Pero Margarita se murió
como todos se mueren
y nos dejó todo muy caliente
sin sus tetas de frutas
comenzamos a ser una calle común
sin tetas qué chupar
muertos de calor…


Poema con guasacaca

Carne carne, carne fresca
pernil sobre madera
espera de un cuchillo
aderezo y mostaza
aceitunas sin hueso
pernil con cerveza
el pimentón crudo
cebolla en el carbón.
Carne carne, carne fresca

Tú sobre brazas
santa carnita
para comerte carne
con todos los deditos
ahora entre mis dientes
tus carnes bailando
salpicando carbones
mi lengua navegando
choreando babas.
Carne carne, carne fresca

Me chupo los dedos
aderezo y vinagre
tus líquidos fluyen
evaporan los carbones
no quiero pescado
abajo las sardinas
adiós al atún
te comeré completa.
Carne carne, carne fresca

La ensalada sobra
sacúdanse los saludables
que se paren de la mesa
aquí hay colesterol
tripas con bajas pasiones
abajo las vitaminas
carbones saltarines
una orilla de playa.
Carne carne, carne fresca
Bollos y guasacaca
cubiertos con aceite
arena en las rodillas
las olas que se van
los perros menean la cola
hambriento está el cuchillo
los animales miran
mi boca se saborea
asadita carnita
me encantas con guasacaquita…

carne
carne
carne fresca…


Juego de palabras

Cómo esquivar una bala
él tampoco podría esquivar mi palabra
pero mi palabra puede no matarlo.
Qué palabra me salvaría la vida
golpearlo o hacer que baje el arma.
Qué palabra es capaz de trabar la pistola.

¿Qué decir?
Darle la cartera con la cédula y las fotos,
darle el celular y el libro de Juan Gelman,
darle los cinco bolívares del pasaje de mañana
y luego llamar al trabajo para avisar que llegaré tarde,
responder a sus preguntas o no decir nada.

¿Qué decir?
Mi frustración es la suya
regresar a la casa con los bolsillos vacíos
después de trabajar todo el día,
con hambre y sueño y sueños.

Su frustración es la mía
hacerle una celada a la vida
y encontrar nada
así mismo pensar en mañana
y el penoso destino de la nevera
siempre el vacío.
Nuestra frustración es la misma
pero él tiene el arma
y yo sólo la oportunidad de decir una palabra
entregarle lo material y salvar la vida.
¿Y cuántos pueden acertar en este juego?
¿y qué palabra equipara a la bala,
produce el mismo temor
la misma angustia
la misma muerte?
¿y cómo mataría esta palabra?
Cómo esquivar una bala
me apunta
y tengo una palabra rondando el paladar.



A quién hay que matar para vivir

I

No pretendo que me prendan velas
a lo más que mis niños se alegren al verme,
que la vida se vacíe de requisitos
y se llene de significados.
Mi cédula no me identifica,
también tengo algo de Margarita
difunta de las tetas de frutas
que forman parte de mis átomos;
quien despachaba hielo y refrescos en la cuadra,
que también me saludaba en las mañanas
como yo mismo me saludo a diario,
con el mismo afecto,
porque si uno no se saluda a diario
puede olvidarse en algún espacio del día,
puede regresar a casa sin uno mismo,
arrastrado por la manada de lo cotidiano;
así que me saludo todas las mañanas
y me reconozco como Margarita
como Ana y como Kiko y Chico y Laura
como algo de Miguel que veo en mí
y de Jesús y de Gerald y de Celia
como soy ella cuando la pienso,
porque la vida debe ser algo más
que este cúmulo de papeles que nos numera y clasifica,
porque yo soy todos los días
y no sólo cuando el horario lo permite.

II

De recuerdos estoy hecho una enciclopedia
de mis semejantes hasta los dedos de las manos
aire contaminado que me fumo a diario
en esta ciudad de perros muertos misteriosamente
sancochada bajo el sol a diario…
pierna de caucho quemado a pleno sol,
pedales correas tuercas y grasa,
toda una memoria rodando
lamiéndose a sí misma para nunca olvidarse.
Un motociclista que huye de sí mismo
refugio de la enfermedad de nuestros días
dormidos y tostados árboles a su alrededor.
¿A quién hay que matar para vivir?


Palabras salvavidas

Pensar en Dios
ponerse en sus manos
y confiar en la fe.

Orar en silencio
y amar al que apunta
que es tu igual.

Amar al Dios de los dos
porque es lo que queda
entre el miedo a la nada y a la vida.

Andar con Dios
encomendarse a él
y apuntar bien la última palabra
cuando sepas qué palabra
te va a salvar la vida.




Postmortem

(2011)




Nos enseñaron a tener fe y tener esperanza
y algo de eso nace por ahí
debajo de la garganta
a veces de igual dimensión e intensidad.

Se caen las hojas de los árboles
si el viento arrecia
pero no siempre caen.

Caen los niños en la calle
siguiendo el paso a los adultos
quienes igual caen aun cuando no caen.

Nos enseñaron a tener fe
y saber que tras la oscuridad vendrá la luz
pero las noches no nacen
también nos caen de sorpresa
cuando estamos emocionados por seguir viviendo.

Para dormir también se cae
y se puede caer de mil maneras.

Se cae el pelo bajo la ducha
entonces se entristece el hombre,
entonces la mujer cambia de champú,
entonces caen los años
y buscamos recogerlos
pero en tropel líquido de espinas
se nos escurren entre los dedos.


En subida y en bajada

Que esta mujer me desconcierta y dice “hola” como cumpliendo nada más con lo debido, y yo pienso que necesita hablar, que necesita un amigo, pero soy yo el que lo necesita, el que ha perdido varios a costa de no sé qué cosa, el que tiene asuntos pendientes y en un vagar de espanto pasa una hora o dos o tres o más conectado. Que hoy hablé con mi primo. Que si no suspenden el concierto me lanzo para allá a brincar con la “fiesta de locos” y me gustaría andar en bicicleta con él. Que hace mucho que no monto. Que me robaron la bicicleta en la Casa de la Poesía. Que no es retórica lo anterior y así perdí una compañera. Que ando desconcertado antes de dormir. Que una pared se levanta frente a mí, una mujer amurallada y no sé si me acerco o sólo la bordeo. Que me encantaría desencantarme de ella, dejarla pasar y seguir pero no sé. Que hace mucho que no monto bicicleta y menos en ascenso. Que en esta horizontalidad me he debilitado. Que me hace falta amar desenfrenadamente y sin tanto protocolo, en subida y en bajada. Que una muralla de mujer se levanta frente a mí y no sé si me acerco o sólo la bordeo. Que no hay… que no hay nada que decir, que no me dicen nada. Que me quedo hablando solo por una o dos o varias calles, aún cuando estoy solo. Que no me escucha. Que no responde. Que esta mujer me desconcierta y dice “hola” y lee las noticias y le duelen lo que a mí. Que tiene una cara de luna y yo soy un lunático. Que estar loco, completamente loco sería más sano. Que no sé si me acerco o sólo la bordeo. Que lee las noticias. Que yo soy un lunático. Que no me dice nada. Que estoy desconcertado. Que hace mucho que no monto, ni en subida ni en bajada.


Un día de ñapa

Ñapa es una fruta de más en la bolsa, un abrazo para el camino, un beso para que pienses en mí. Una palabra que suma y multiplica pero nunca resta, el gesto que nunca falta porque sobra, el regalo que no espera retorno, que no se pospone, que no tiene mañana, una moneda inesperada, un día de ñapa con el que no se contaba pero llegó.


Repica ya pedazo de perol

Cargas el celular con la esperanza y lo sacas y le das palmadas y lo pruebas y enciende pero no repica. Le dices “suena ya, termina de sonar, repica como antes, llámame ya”. Así todo el día, cada cinco minutos o cada vez que parpadeas, porque esa mujer parpadea maravillosamente y te acuerdas cuando cierra y abre los ojos, cuando se pone roja de llorar o de reír. Entonces “suena ya pedazo perol, repica ya y ponla del otro lado para decir te amo aunque no llegue a decir más nada y el mundo estalle y no sepamos más”, sólo eso. Porque puede romperse un día de estos por una bomba, por un quebrado mal calculado o un entero de más en la ecuación, o una solución o un ácido o una base en el lugar equivocado o una palabra mal puesta. Le dices “suena” en cada cruce, cada vez que ves una muchacha bonita o un perro, porque ella adora los perros y quiere tener cien en su patio, con tendedero y lavadora. Pero el bendito aparato no suena y uno está que se pega de un mecate como coriano en Semana Santa, para romperlo todo de una buena vez. Así que por amor a Dios “repica ya pedazo de perol”.




Hoy es un vallenato chillón porque cada día se me pega una canción distinta. O la vecina consiente a la perra de la casa y con la pose adecuada espera la fotografía, mostrando sus nalgas redonditas y buenas para la sartén. O los motorizados que se paran con una fría en las manos y la niña anoréxica pasa con su licra rosada y la evidente marca del hilo dental. O esta perra Roberta que no hace sino frotarse con mi rodilla, mirarme, lamerme los pies y ladrarme para que la bañe, hoy, el cuarto día sin agua en Los Pozones. O una amiga escribió el sábado, otra el domingo y Camilo llamó pasadas las doce de la noche pero no lo escuché y de verdad quería hablar con alguien. O la perra se pone patas arriba y se retuerce de un lado a otro bajo mi silla. O alguien está lejos y no merece ni una línea de estas. O alguien está cerca pensándome y de mí sólo recibe palabras y los cuentos más patéticos que se puedan contar sobre la luna. O esta luna en creciente me ve y la carencia es parte del proceso; llenar este vacío para fluir lejos, engordar tal vez o enviciarme al vallenato que tengo en la cabeza, a esta casa, a este olor a gato, a estos perros, a estos mensajes que llegan cuando menos los espero, pero que igual me hacen pensar en pasado. O estos dos kilos de mugre y sudor, esta flatulencia, este mal aliento, este pelo corto, este desgano, este talento que no se manifiesta, me tienen más jodido que al perro que descansa en paz en la cuneta.


Aquí encontrás aquí un auto chocado
una cabaña en ruinas
los carbones humeantes de la última tormenta
la luz casi extinta de una llama
canto de redención en las pupilas
espíritu contrito
fragmentos rasgados del último poema
una llamada que no llegó nunca
una gorda fofa y flatulenta mentira alimentada
bañada en mayonesa y almuerzos de centro comercial
una cicatriz en vertical por el costillar
un pecho agitado por llegar a la orilla
la voz de la cegadora en los ojos
tronco sin corteza
madera desnuda
expuesta y sin adornos
sabia más pura
sinceramente atado árbol
dulces naranjas de clavo oxidado
esperanza del fin del día
sin mañana un hoy inevitable
la azotea
los bloques
la arena
el juego de baño
el fregadero
los individuales de la mesa donde no comimos
aquí encontrás aquí
25 años luz de poeta
5 kilos menos
5 dolencias más
12 ideas frustradas
3 cartuchos sin percutir
y un cañón engatillado.


Piernas a ti
pulmón obstruido
sangre en la nariz
sobre una cama
se pudre el corazón
un músculo más como un gemelo
en el testículo derecho
media válvula bombea
sístole que no contrae
diástole que no distiende
corazón quebrado pudriéndose en la cama
hombre que se levanta al trabajo
con una hora de retraso.


Ser de ti una migaja
lo que quedó del banquete
las sobras para el perro
ser de ti inoportuno
el que permanece aunque se vaya
el que se va quedándose
ser de ti el pez muerto
sobre el muelle una tarde de naranjas
ser de ti el trotamundos
que abandonó su comarca
y olvidó a donde ir
se de ti tu mano siniestra
la que quedó detrás de la presentación
una oculta mirada que golpeó
ser de mí: hidalgo en interiores
escoba en mano contra los gigantes.


En el semáforo 
de rojo a verde
la gente no entendía
de tórax abierto
cuatro costillas rotas
dos válvulas infartadas
arterias coronarias obstruidas
un corazón nuevo para navidad.
De verde a rojo no entendían:
“Enclenque con franela
medio costado abierto
de corazón roto
de tripas disonantes
estómago vacío
mendiga corazón nuevo
para navidad,
trescientos gramos de plomo
o una sutura inmediata”.
De rojo a verde la gente no entendía
un nuevo corazón para navidad.

Renombrarse
(o Resumen de inventario)

“Andábamos sin buscarnos pero sabiendo que andábamos para encontrarnos.”
Julio Cortazar
-1-
Una máquina de coser
el árbol de las naranjas
los chistes en la escalera
los viejos amigos
las bicicletas que he perdido
el espejo roto
una luna en los ojos
una piel en las manos
un escalofrío
tres mandarinas
y una decena de pastichos
caminante sincero
solidario a contracorriente
hoy voz invisible.

-2-
Soy del Salmo 91 el pájaro
amante de las cotufas en las tardes
futbolista frustrado
encantador de perros
pateador oficial de gatos
amante de las mandarinas.

-3-
Los cordones de los zapatos
un corte de pelo
la afeitadora
el desodorante
un pollo asado en el almuerzo
un mordisco
una oreja
un cuello
un viernes
un hotel
una calle
una dirección
un precio
un sueldo
tres camisas
una almohada
un mismo sudor
el café matutino
los gatos
y el guayabo del frente.

-4-
El pago del mes
para el paso siguiente
jugar al futbol con Juan
comprarme la pantalla
escribir en el jardín
llamar a José Javier
para el paso siguiente
viajar a Mérida
comer cochino frito
saludar a mis hermanos
correr por unas cuadras
para el paso siguiente
aumentar de peso
saltar una barrera
para el paso siguiente
abandonar esta absurda modestia
patear a los farsantes
recuperar mi calle
una visita unos ojos un abrazo
necesarios todos para el paso siguiente.

-5-
De luces tenues no hay cómo escribir en el cuarto, supongo que algo de poca luz hay en mí por las tardes y por las mañanas, al mediodía hay tanta gente que no hay forma de ponerse triste.

-6-
De gente conmigo
en mi contra varios
de cabezas cortarles algunas veces
no soy yo el verdugo
no levantaré mi dedo
no señalaré a nadie
no me comeré los mocos
no me molestaré por esto
todo es un fluir.

-7-
Si yo pudiera reír
como antes
todo sería más fácil
después de quedar solo
en una ciudad extraña
sin un duro en el bolsillo
bastaría reír como antes
para que algo comience
a valer la pena.


Un todo no es el infinito
apenas una parte de lo que quedó
en las calles que nos pertenecieron
con los sueños, mi madre, los perros
y todo aquello también es pasajero.

Un todo no es el infinito
apenas una parte del camino
se queda atrás y no se vuelve a ver
apenas un gatear, un levantarse y caminar,
un subir por la colina desde los principios
con los queridos.

Un todo y otro todo no son el infinito
poco menos que nada
si el premio es un “nosotros”.


“Avísame cuando estés sano y salvo”

He de aprender a abrir la boca
soltar una palabra detrás de otra
y poco a poco llenar de aliento
esta vida sin aire que se quedó conmigo
cambiar de caminos
cambiar de pies
renovar hasta los cayos
dejar la tobillera en la basura
y caminar ahora sí
con “toditito” yo.

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Pies hermosos

Mario Benedetti La mujer que tiene los pies hermosos
nunca podrá ser fea
mansa suele subirle la belleza
por totillos pantorrillas y muslos
demorarse en el pubis
que siempre ha estado más allá de todo canon
rodear el ombligo como a uno de esos timbres
que si se les presiona tocan para elisa
reivindicar los lúbricos pezones a la espera
entreabir los labios sin pronunciar saliva
y dejarse querer por los ojos espejo
la mujer que tiene los pies hermosos
sabe vagabundear por la tristeza.

Regresando a la escritura

Ese empeño personal en comenzar un texto nuevo con tanta regularidad haciendo imposible la culminación del texto en el que estoy trabajando ahora, es lo que me motiva a escribir esta nota.
Valga pues señalar desde un principio que es una nota resentida para que, quien pueda sentirse ofendido, deje de leer de inmediato y sintonice otro canal, a fin de cuentas, todos tenemos cable.
Para escribirla por ejemplo debería comenzar divagando sobre la terrible idea de verla publicada en mi blog o enviársela a algún amigo que pueda responderme con franqueza. Esa lucha permanente entre el ego y la menuda certeza de no haber escrito nada que realmente valga la pena. Este diálogo permanente entre la almohada y el inodoro, entre el transporte público y el techo del trabajo.
Un monólogo más bien entre la palabra que se diluye entre una tarea y otra, en el penoso afán de dejarla pasar porque al parecer hay cosas más importantes o temo herir a alguien.
Alguna vez César me decía que si se dejaba pasar…

No se estacione

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© Ennio Tucci
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ISBN 978-980-14-0972-4

Todo el poema contra Ustedes
A nuestros burócratas endógenos
Ustedes y su ego no caben ya en ninguna parte Ustedes sistematizan los saludos sus besos son como contratos siempre limitan las libertades Ustedes jamás bajan la mirada nunca nos ven a los ojos Ustedes nunca rompen un plato eso lo dice el título que llevan a cuestas suelen saltar por encima de los demás como otros pero exigen orden en la fila que les corresponde atender Ustedes trabajan…