La aventura pura

Visión de la vanguardia por venir

Héctor y Andrómaca, Giorgio de Chirico, 1946.

Palabras previas

En pleno conflicto ideológico producto de la gran cantidad de argumentos construidos a partir de la lectura reciente de libros, de artículos varios y de la realidad misma (siempre adversa a ellos); decido compartir mi propio debate, hacer público mi conflicto en torno al tema de la construcción de una nueva vanguardia artística, amalgamada con la construcción del nuevo país, claramente poblado de antivalores y valores en puntos extremos, donde (hasta hoy 17 de enero de 2011) los medios de comunicación siguen ganando la batalla en la conformación cultural de lo que comúnmente conocemos como ideario, a partir de conceptos altamente publicitados, enriqueciendo un ideario de la venezolanidad a partir del consumo; fomentando a través del poder de la televisión y la radio (principalmente) un estereotipo fundamentado en dogmas que se refuerzan a través de una programación que sólo busca “divertir”, o mejor dicho, distraer al espectador de su realidad y mantenerlo en un espacio de seguridad e inercia total ante los acontecimientos que suceden a su alrededor, obligándolo al abandono de su propio núcleo social (su familia).
Los medios más que comunicarnos realmente nos mantienen atados a ellos recibiendo sus mensajes y su doctrina del libre consumo; defendiendo (aparentemente) por encima de cualquier otro derecho, el derecho a ser feliz, cuyo camino (según ellos) es consumir determinados productos, conducirse y pensar de una manera, y sobre todo transmitir este modelo como lo que Lotman denomina como “lengua natural”, que bien podemos catalogar como una cultura materna, es decir, modos, códigos y procesos que nos definen como pueblo, grupo y clase, pero especialmente como sociedad.
Así pues, la mayor incidencia de los medios de comunicación sobre nuestra cultura, al momento de modificar nuestros códigos culturales, influye en nuestras relaciones sociales, lo que se ha convertido en el tema del momento tras la aparición de las redes sociales, dado que resulta verdaderamente algo evidente a todos los niveles de la sociedad. La comunicación ha cambiado drásticamente hacia la virtualidad, el compartir persona a persona ha sido reemplazado por las largas jornadas laborales y el tiempo de descanso frente al televisor, limitándose las relaciones humanas a pequeños fragmentos de tiempo generalmente en comidas o en horas previas al descanso. 
De esta forma tenemos una sociedad tipificada, donde una gran mayoría comparte un lenguaje común compuesto por rasgos y tradiciones que los identifican como clase (trabajadora y consumidora en su mayoría) mientras la cultura urbana, popular (cada vez más cercanas entre sí), académica u oficial, y alternativa, en donde confluyen sólo pequeños grupos de dispares expresiones culturales que no llegan a consolidar un rasgo o código que los identifique y cuya aparición es totalmente fugaz, se desgastan en la reproducción de modelos que no llegan a calar en el grueso de la sociedad.

Hacia la aventura


Ángel Rama en el prólogo a la primera antología de “El Techo de la Ballena”, señala algunos elementos que considera característicos de las vanguardias y que es importante señalar. Primero la vanguardia decreta y se hace acreedora de verdades absolutas y totalizadoras: criterios, estéticas, formas y acciones que componen no sólo un todo sino una verdad ineludible e inobjetable. De igual forma señala Rama que la vanguardia utiliza métodos para imponerse ante la estructura dominante de su momento, y dichos métodos son determinados por su evidente necesidad de minoridad y autoconciencia sobre sus enormes posibilidades de fracaso. 
Igualmente asume formas propias de luchar contra la estructura, evitando confrontar en las “formas tradicionales del combate”, como lo señala Rama, refiriéndose a los medios, herramientas y espacios del enemigo; haciendo honor al precepto de Sun Tzu según el cual, un buen guerrero espera a su oponente para vencerlo en terreno propio, conocido y dominado, engañándolo e incitándolo a iniciar la lucha con esperanzas de vencer, pero preparando muy bien su terreno y sus acciones futuras. 
Finalmente señala Rama, que estas características exigen de la vanguardia una “alta cohesión interna”, y un alto sentido de organicidad, lo que la obliga a transitar por redefiniciones, disputas y reducciones, procesos que terminan acortando el tiempo de vida funcional y la concluyente disolución del grupo en caso de fracaso, o su institucionalización en caso de triunfo.
La vanguardia es siempre la alternativa a la dependencia y siempre aspira a las “formas modernas de la libertad”, nos recuerda Marta Traba. Esta vanguardia, esta suerte de familia o comuna artística, estaría decidida a liberar al arte de su condición de producto y lo asumiría como la herramienta más importante para la humanización del mundo actual y la consecuente liberación del ser humano.
Las vanguardias son un fenómeno típico de las sociedades altamente industrializadas” afirma Traba, señalando que el proceso artístico dejó de caracterizarse por su coherencia y dinámica interna avanzando a saltos, “en lugar de definirse como un acto de reflexión de grupos capaces de crear modelos donde la comunidad quede expresada”. Afirmación que constituye una crítica para los nuevos movimientos culturales que surgen hoy en el país, con fin de romper con la tipificación de las propuestas estéticas de espaldas a la sociedad de la que son resultado. Un llamado a pensar y a crear un verdadero sistema alterno que represente una alternativa para la comunidad.
Un aspecto señalado por Rama sobre el tema de la vanguardia es el hecho de que a pesar de su minoridad y su conciencia de fracaso, la vanguardia posee la suficiente fuerza cohesiva para transgredir y dar golpes certeros sobre la estructura dominante de forma sorpresiva, logrando ponerla en movimiento para responder a estos ataques y sacándola de su contexto.
Valdría la pena preguntarse hasta qué punto puede una vanguardia cultural, en pleno auge de las redes sociales y los medios masivos de comunicación, dar golpes verdaderamente certeros sobre la estructura. Golpes que vayan más allá de la fachada política y publicitaria a la que tienen (históricamente) destinada a la cultura de masas.

Desnudo, René Magritte.

La aventura de ir al frente

La vanguardia que podemos visualizar para este tiempo, es de carácter ineludiblemente social, estructurada bajo las nuevas formas de organización comunal, semejante a la familia. Un ente cohesionado de tal forma que pueda construir sus propios principios (verdades absolutas y totalizadoras), superando con esta estructura la etapa de las redefiniciones teóricas (siempre necesarias) y abocándose a golpear verdaderamente la estructura dominante que, como ya lo dije al comienzo de este ensayo, es el sistema capitalista, reforzado por los medios de comunicación en el ámbito cultural.
 “La falta de gestos humanos genera una violencia a la que no podremos combatir con armas, únicamente un sentido más fraterno entre los hombres la podrá sanar.” (Ernesto Sábato)
La nueva vanguardia deberá explorar nuevas formas de contacto y comunicación humana. El diálogo y el festejo son importantes para la construcción de códigos que puedan identificarnos como pueblo, además es necesario echar mano de las culturas endógenas, que son definitivamente culturas de resistencia y en las que es posible evidenciar un rastro más tangible de la venezolanidad; que además han logrado mantener estos rasgos intactos y promoverlos a través de su conformación socio-cultural, como un sistema digno de ser emulado.
Los principios de este movimiento de vanguardia son el estímulo al diálogo, al compartir, a la tertulia y al debate de las ideas. No con la intención de estar en lo correcto o buscar la verdad, sino construir nuevos argumentos para la resistencia y la persistencia, nuevos motivos que lleven al movimiento vanguardista por caminos de crecimiento y fortaleza interna.
Para su conformación tendría que retomarse la idea de unir en una voluntad común a los miembros de un grupo, acordes en ideas e intenciones de transformar el sistema, quienes vendrían a constituir la tesis; oponerse a las fuerzas que obstaculicen su avance (antítesis) manteniendo y reforzando por sobre todo los objetivos y los principios trazados desde el comienzo, para consecutivamente lograr la síntesis donde cada grupo actúe en pie de igualdad dentro de una más vasta y común proyección.
Sin duda alguna la propuesta del movimiento vanguardista estará determinada por los elementos ancestrales que sobreviven y coexisten con la cultura occidentalizada. Los cultos y santos populares por ejemplo, conforman una vastedad estética en sí mismos; el culto a la naturaleza, al hombre y la tierra, las tradiciones que transmiten un discurso de sociedad, señalando las falsas tradiciones asociadas al consumo, al egoísmo y la falsa moral. Una vanguardia humanista que avance a la defensa de la dignidad humana. “Quien no ama su provincia, su paese, la aldea, el pequeño lugar, su propia casa por pobre que sea, mal puede respetar a los demás”. (Sábato)
La nueva vanguardia debe constituirse en una alternativa cultural moderna sí, pero no en atentado contra la humanidad, sino dirigiendo su puntería contra el sistema. Con la suficiente cohesión orgánica para transmitir en su discurso (plástico, literario, musical, escénico, etc.) los valores y rasgos que nos identifican como pueblo, como cultura y como sociedad.
En concordancia con Domingo Miliani y otros pensadores latinoamericanos, Marta Traba señala a la vanguardia cultural como un fenómeno social que debe avanzar hacia la superación de la crisis de las ideas y la dependencia. En tal sentido Traba señala:
“La obstinación de la cultura por perforar el problema de la dependencia parte, desde luego, de la confianza de vencerla y superarla, y de la certidumbre de que, dentro de ella, nunca se podrá aspirar a las formas modernas de la libertad.” 
El hombre del mar, René Magritte, 1926.
Donde podemos reconocer una de las dificultades más grandes para los colectivos culturales que se levantan a lo largo de los años. La perenne dificultad de sostener su independencia imposibilita en la vanguardia la contundencia de sus acciones y sus propuestas estéticas, en algunos casos, recibiendo albergue y respaldo en las instituciones que las financian y “apoyan”, limitándola a cumplir con las exigencias institucionales y delegando su libertad en aras de la seguridad de la que gozan.
La lucha es inevitable si se busca la libertad del ser humano, y una vanguardia que no lucha es un caso perdido. La lucha es para la vanguardia el cimiento de base para su labor renovadora, por tal razón la lucha debe ser sumamente inteligente. Así lo señala Marta Traba cuando nos habla de las culturas de resistencia y la eterna búsqueda de la libertad por parte de la cultura, muchas veces sujeta a los intereses del Estado que la usa como una plataforma publicitaria más que como un modelo de construcción social y la coexistencia, fortaleza y verdadera riqueza de una sociedad.
¿Hablo entonces de una vanguardia optimista? No. O como diría Saramago, los optimistas tienen muy pocas razones, muy pocos motivos y argumentos para cambiar el sistema, oponerse a él o emprender una lucha. Una vanguardia con espíritu pesimista, lo suficientemente inconforme como para generar nuevas propuestas y para transformar la realidad que le es adversa. Ya no un pesimismo de brazos caídos sino de puño alzado, de trabajo en medio de una sociedad de trabajadores.
El reto está en la generación de un arte “competente” en la medida de la solidaridad, en lugar de seguir ahondando en la peculiaridad de los artistas. La construcción y proyección de códigos comunes, el arte en colectivo, una estética construida entre varios, que pertenezca a nadie y a todos, donde la sociedad se sienta parte, en la que los artistas inviertan sus virtudes, esa es la propuesta.
La comuna artística como alternativa de resistencia cultural para el siglo XXI no la planteo como una novedad, ya los creadores comienzan a conformar comunidades para resistir al sistema de consumo. El Grupo Musaraña y las ediciones Madriguera como el ejemplo, y la enorme cantidad de colectivos que florecen actualmente en el país y evolucionan hacia la independencia económica, legal, estética, y siguen oponiendo resistencia, consolidándose como alternativas al sistema capitalista y burocrático de la inercia, el silencio y el atraso.
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Publicado en la revista Imagen, Nº 3, Nueva Época, Segundo semestre año 2011. Caracas, Distrito Capital. Venezuela.