OCHENTA GRADOS DE CALOR

Pintaré círculos concéntricos en esta ciudad
ahora nadie está esperando nada
ya no creen y no hay mesías que nos salven.
El cachorro no creció y se orina en la cama,
los viejos cocoteros no pasaron de palmeras,
los carpinteros ya no picotean ningún árbol,
los flacos se quedaron enredados como alambres
y les veo de vez en cuando para saber qué tan complicados están;
casi todos encontraron buenas tetas
y pasan sus días chupándolas sin sudar.
¿Qué hacer?
Un viejo de barbas colosales nos diría tantas cosas
pero él también pasó
y pasaron los otros poetas luminosos.
¿Qué hacer?
Y este silencio se adueñó de las calles
y lo tenemos impreso en los huesos
entonces las palabras son canto de grillos
porque no hay más qué decir a este coro de chicharras.
Y si estamos completos
entonces nadie entenderá la noche de perros cojos y jazz,
porque alguien ha de llegar con uranio y plutonio
para romper todo de una vez y el silencio que es nada
que huele a serpientes y perros remojados.
Pintaré círculos concéntricos en esta ciudad
porque nadie espera nada y es bueno el tiempo para acabar con todo,
luego no habrá ni después ni mañana
pero reinará la poesía a ochenta grados de calor.